La historia de este canino comenzó en el barrio de Palermo cuando se cruzó con un indigente llamado Juan Carlos Malodin, que era un Brasileño que tenia una gangrena fulminante en una de sus piernas. Pero milagrosamente apareció el animal de cuatro patas que le lamió la herida por varios días hasta salvar a Juan, apodado «Lolo» por los vecinos, que le amputaran su pierna. Lolo era un “ciruja” brasileño (la extranjerización de hoy hace que lo llamen “homeless”), que vivía bajo un puente.

La historia la narraron historiadores, periodistas y protagonistas. Pero también, como todo gran mito, pasó de boca en boca, de padres a hijos en las tribunas. A esa altura del partido, Lolo adoraba al animal, al que bautizó como Boneco, cuya traducción al portugués sería algo así como “monigote”, porque lo hacía reír con sus gracias.
Cuando se recuperó Juan, le enseñó varios trucos a Boneco. De a poco se fueron ganando unos pesos en diferentes lugares, pero como Lolo era fanático de Independiente se presentó en una práctica. El capitán de ese entonces, Ricardo Pavoni, recuerda el momento. “Nosotros no teníamos idea de quién era. Un día apareció Lolo con Boneco y entraron al vestuario. Les dio unas órdenes y el perro se quedó tranquilo tirado sin molestar. Nosotros nos estábamos cambiando y nos pidió autorización para salir como mascota. En ese tiempo no había ningún impedimento y se podía salir con mascotas. Él salió con su capita con el escudo del club. Nos sacamos la foto y él se quedó sentado ordenadito en el medio. Lógicamente después se hizo una costumbre, le pedíamos nosotros que viniera”. “Como era capitán, iba conmigo y me acuerdo que me llevó arrastrando. Después entendió cómo era y lo llevábamos cortito, lo hacía bárbaro”.

El día que debutó, en marzo de 1974, fué en un clásico contra Racing enla Doble Visera, donde Independiente ganó 4 a 1, y el Bocha hizo, por única vez en su carrera, 3 goles. Nunca más se separaron Lolo, Boneco y el equipo. Viajaba a todas partes.
Pavoni confirma esto: “Ya nosotros pedíamos que viniera. Y te digo más: mucha gente no me cree, pero él viajó a Perú en el vuelo de pasajeros, no viajó en la bodega. Aparentemente tenía una especie de autorización. Viajó con nosotros en el asiento. Era parte de nosotros”. Independiente fue campeón de la Libertadores de manera consecutiva entre 1972 y 1975, además coleccionó la Interamericana (1973, 1974 y 1976) y la Intercontinental del 73, más allá de otros títulos a nivel local. Ese fue el Rojo que marcó una época.

Antes o después de ser la cábala del Rojo, Boneco estaba predestinado a ganarse el cariño del público. El reconocido coleccionista Maximiliano Roldán recuerda que el perro llegó a participar de varias películas de producción nacional, entre las que se destacan “Los Gauchos Judíos” de 1975 que tuvo actuaciones de Pepe Soriano y Víctor Laplace. Pero se agregan más films que tuvieron al perro en un rol estelar: “Adiós Alejandra” (1973) con Amelia Bence y “No hay que aflojarle a la vida” (1975) con Palito Ortega. Sin embargo, el nombre “Boneco” llegó a los hogares del país en la comedia “Gorosito y señora” que protagonizaron Santiago Bal y Susana Brunetti.


Fue el único perro Campeón de América, tenía colgado en su cuello, copia de las medallas.
También alguien muy importante como Ricardo Bochini recordó al canino hace años: “En el mundo del fútbol las cábalas existen y son muy fuertes, Boneco era un Talismán de la suerte, y cuando nos faltaba sentíamos su ausencia como la de uno de nosotros”.

Allá por 1980, Lolo, ya con sus años a cuestas y una vida difícil, se enfermó y falleció. Boneco no solo estuvo en el velatorio sino que además, lo acompañó en todo el cortejo fúnebre.
Una vez que fue enterrado, la gente se despidió de Lolo y se fue, pero Boneco se acostó al lado de la tumba y no hubo manera de sacarlo de ahí. Los cuidadores del cementerio primero intentaron sacarlo, pero ante ese fracaso, decidieron llevarle agua y comida.
Boneco apenas si tomaba un poco de agua… su fidelidad y su amor fue tal, que se dejó morir… Cuenta la leyenda, que ante tal acto de amor, los cuidadores del cementerio lo enterraron junto a Lolo.
Han pasado 47 años… Pero mientras sus hazañas pasen de padres a hijos y de abuelos a nietos, la HISTORIA de BONECO… no morirá nunca…

Fuentes: La Visera. Infobae. Correo Independiente.