El magnicidio del ex primer ministro japonés Shinzo Abe acaecido el 8 de julio de 2022 fue especialmente llamativo puesto que Japón es un país notorio por su seguridad interna (siendo este el segundo homicidio por arma de fuego en dicho país en lo que iba del año). Paradójicamente, el País del Sol Naciente tiene una triste historia de muertes violentas en lo que a funcionarios estatales y dirigentes políticos se refiere. A continuación procederé a enumerar los que se dieron en el último, sin contar los atentados fallidos sucedidos entre medias:
Si bien se habían dado atentados a ministros nipones en periodos anteriores, el siglo XX fue muy prolífico en este aspecto, sobre todo en su primera etapa. Hara Takashi, primer plebeyo (renuncio a su estatus nobiliario de samurái a principios de su campaña política) y converso cristiano católico en ostentar el cargo de primer ministro japonés, fue mortalmente apuñalado mientras estaba en funciones el 4 de noviembre del año 1921, en la emblemática estación de tren de Tokio, por un operario ferroviario.
Durante los años 30 tuvieron lugar dos acontecimientos significativos, catalogados como “Incidentes” por la historiografía japonesa: Durante el primero, otro primer ministro fue asesinado mientras ejercía el cargo, Inukai Tsuyoshi, quien murió en el año 1932 en lo que se conoció como El Incidente del 15 de Mayo, un intento de Golpe de Estado perpetrado por militares y ultranacionalistas disconformes con la política exterior y armamentística del dignatario.
El segundo fue en 1936, en el marco de una agitación política muy grande, a raíz de la Gran Depresión, se produjeron los asesinatos de dos ex primeros ministros; Saitō Makoto y Takahashi Korekiyo. Además del coronel Denzo Matzuo(cuñado del primer ministro de aquel entonces) y el Inspector General de Educación Militar Jotaro Watanabe. Los cuatro murieron durante lo que se conoce como el Incidente del 26 de Febrero, otro intento fallido de Golpe de Estado por parte de un sector descontento del Ejercito Imperial Japonés.
Treinta y seis años después, el 12 de octubre de 1960, quedaría grabada para la posteridad, en televisión y fotografía, la imagen del asesinato de Inejirō Asanuma, Secretario del Partido Socialista Japonés y mayor referente de la izquierda en el país en aquellos años. Cuya muerte por arma blanca fue perpetrada por un estudiante nacionalista menor de edad, Otoya Yamaguchi, de diecisiete años, quien dos semanas después se suicidaría en el baño del reformatorio.
Iniciado ya el siglo XXI, concretamente en el 25 de octubre de 2002, el diputado en funciones por el Partido Demócrata, Kōki Ishii, quien moriría a manos de un yakuza (es decir, un miembro del crimen organizado japonés) llamado Ito Hakusui y perteneciente al Yamaguchi-gumi, la organización delictiva más grande de todo Japon . Quien se entregaría al día siguiente de perpetrar el asesinato, alegando que lo hiso porque el diputado se negó a pagar un soborno previamente pactado. Si bien fue juzgado y sentenciado a cadena perpetua, las investigaciones posteriores han puesto en duda su versión y el caso se considera un misterio.
Para terminar, el 17 de abril del año 2007, el gobernador de la prefectura de Nagasaki, Itcho Itoh, fue asesinado de dos disparos mientras estaba en campaña para ser reelecto. Su homicida fue Tetsuya Shiroo, el líder criminal de un grupo menor local, el Suishin-kai, subsidiario de la misma organización que el caso anteriormente mencionado. El perpetrador fue apresado por la policía y la teoría general es que sus motivos fueron que el gobernador le había negado un importante contrato de construcción a una empresa que estaba bajo su nómina. Este fue el último asesinato de un político antes de Shinzo Abe.
