Cortázar, confesó admirador de Gardel, pasaba revista a las francesitas del tango como Madame Ivonne o Margot. Pero su gran hallazgo consistió en haber descubierto que la Mireille del cuadro de Toulouse-Lautrec, en El salón de la rue des Moulins, una gordita ya pelirroja, ya morocha o rubia con medias verdes o amplios camisones apoltronada en gran cantidad de cuadros sobre almohadones de terciopelo granate, se había venido a un burdel de Buenos Aires allá por finales del siglo. Agreguemos que los cuadros están en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi, ciudad de los ancestros de Gardel y también donde nació el pintor.

«Estoy desesperado porque Mireille se va a Buenos Aires. En dos años estará destruida». Y nada más. ¿Qué podía hacer yo para seguirle el rastro? Tolouse Lautrec ( Evaluando la posibilidad de viajar a Buenos Aires en pos de su Mireya. La letra del tango certifica que el presentimiento se cumplió)

Cortázar prometió escribir sobre su hallazgo pero la muerte silenció su pluma. Sin embargo, había razonado lo siguiente: ¿y no será que esa Mireille de Lautrec se convirtió entre nosotros en la rubia Mireya?» Para él, no había dudas. Eran la misma persona.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/una-mujer-entre-toulouse-lautrec-y-gardel-nid213691/